lunes, 16 de febrero de 2009

Perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón

...al final de las cosas más hermosas sólo van quedando las palabras, y hay que resignarse a utilizarlas lo mejor posible.

Julio Cortázar


Cada día que pasa comprendo menos todo. Nada. Este vacío me ahoga; me un poco sofoca. No entiendo por qué mis pies, en cada paso que dan, resbalan; por qué todas las calles que siguen a mis pasos van cuesta arriba y por qué respirar me duele.

De pronto, siento nostalgia. De las calles que me vieron pasar; del asfalto que gasta mis sandalias que me sacan ampollas de tanto caminar cuando hace calor en el pago y paso y repaso las calles, ahora nostálgicas de mis sandalias que me sacan ampollas de tanto caminar cuando llueve en el pago. "tantas idas y venidas, tanto pasar por aquí, se han de acabar tus zapatos, y no has de gozar de mí". Arriba llueve. Mi casa duele.

Canto, una y otra y otra vez, para que se acuerde de mí; para que tampoco me olviden el asfalto, las calles. Canto como si no apretara el chuñito que es ahora mi corazón. Le canto a la que (se) fue... "Yo soy la mozita entrerriana, que en la pradera y el río alegre juega con el amor".


Enormísimo vacío, me duele la vida y yo, quietita para no quebrarla. Para no quebrarme. Me repito, una y mil veces. Me repito como asegurándome, quizás, que sigo aquí. Que duelo y que respiro.
Cargo en mis hombros la más infinita tristeza. Lo sienten mis pasos en su andar. Lo siente el cuerpo. Sentir... tantas cosas. Siento. Soy.

Vivir pensando comiendo cagando riendo bebiendo cogiendo bailando fumando llorando cantando... muriendo. Una pasa y la vida nos pasa mientras vivimos pensamos comemos cagamos reímos bebemos cogemos bailamos fumamos lloramos cantamos. Se repite, la vida, mientras nos pasa.

"¿Dónde estará mi negra bandida, tomando mate?"