martes, 30 de diciembre de 2008

dentro todo era


con sus ojos
rozaba
el escote (que) estampa besos

mi falda que (no) deja rastros
de margaritas
la noche

el vino sonroja
las mejillas;
húmedos los pies que danzan
descalzos

y

dentro

todo

es

a-g-ü-i-t-a

jueves, 18 de diciembre de 2008

he vuelto, Alejandra


Acuosa, confusa y difusa como suelo ser, estaba al borde de la locura. No esa locura digna de elogio; mas bien rayaba el borde de una locura que agota, que estresa. Los días, uno detrás de otro y otro y, la ansiedad iba tomando posesión. Las explicaciones que la gente suele esperar de una empiezan a agotar (se). Llegas al punto en que, las únicas palabras que salen de ti son para dar explicaciones, para exclamar alguna queja del trabajo acumulado y del estrés en que éste te tiene hace un par de meses; deadlines que cumplir.

Ya no me quejo. Me he quejado, si. Pero han bastado un par de días de y para mí.

Me he rodeado de agua, me he conectado con mí elemento. Conmigo.

Me he consentido, eso. Lo necesitaba con urgencia. Una renovación alejandrística con mimos, buenos libros y un malbec en la copa.

He vuelto, Alejandra, a mí elemento. Al borde la locura también, pero de una locura que raya y sobrepasa esa línea de la felicidad. La locura de elogio.

Ya no doy más explicaciones. No me justifico. Mis acciones son mías y de nadie más. Mis decisiones, tantas veces erradas, también me pertenecen y ya no las siguen innecesarias explicaciones. Esas me las debo sólo a mí. Mientras yo sea mi única responsabilidad –y sé que suena tremendamente egoísta- las explicaciones me las debo sólo a mí. Quien quiera explicaciones, vaya a buscarlas a otro lado. Yo no me justifico más.

Eso, que he vuelto. Renovada y descansada. Feliz y con ganas de retomar asignaturas pendientes. Ahora veremos cómo nos viene la mano.