miércoles, 23 de julio de 2008

houda



houda era su nombre. es. es su nombre. prefiero pensar que sigue siendo su nombre y que ella sigue siendo, dondequiera que esté. houda sigue siendo su nombre y ella sigue siendo quien es y quien fue siempre. quien fue cuándo la conocí.

es loco cómo de pronto vuelven rostros, imágenes, gente. reaparecen en nuestra memoria sin buscarlo y una se pregunta: ¿dónde estará houda? porque ahora es ella quien viene a mi mente. ¿dónde estará su rostro cargado de imágenes, de golpes? ¿dónde su ojo que no ve y el que si?

houda tenía 8 años cuando la conocí. llevaba ya un par de años viviendo como refugiada en aquel centro. con su madre y 3 hermanos habían huído de afganistán tiempo atrás. buscando.
buscando algo... algo más allá de las burkas, de las bombas.
algo más allá de la muerte que rondaba, rodeaba, envenenaba, contaminaba, explotaba. la muerte que apagó, por un instante, la mirada de houda. por un instante, nada más.

la búsqueda llevó a houda y a su familia a bélgica. por un momento, los ojos de houda (el que no ve y el que si) se prendieron en fuegos de mil colores y una sonrisa, por fín, le atravesó el rostro. había esperanza. habían rostros desnudos de telas opresoras; había un cielo de nubes grises que no eran humo y que en ese momento, houda pensó, el gris debía haber sido el color más hermoso que su vista hubiera imaginado. eso era mejor que todo lo que dejaba atrás.

los años pasaron, con negativas seguidas de negativas seguidas de negativas y así... una y otra vez se repetía el mismo cuadro: en la puerta de la oficina de procedimientos legales esperaba houda con sus 3 hermanos. salía del cuarto su madre, con un papel apretujado entre las manos y secando las lágrimas en su rostro ya de cartón. sonreía a sus hijos, los abrazaba y les decía que aun así estaban mejor. que había que esperar. apelar y esperar de nuevo. que todo saldría bien, ya verían ellos. ¡y cómo se abrazaban y sonreían!

la primera vez que houda y yo nos conocimos fue luego de un abrazo de familia en la puerta de la oficina de procedimientos legales. houda me miró esbozando un guiño al que yo respondí con una sonrisamonalisa y los ojos achinaos para no dejar escapar la catarata de lágrimas que se me venía encima.
bien sabía yo lo que pasaba. llevaba ya buen tiempo trabajando ahí y alguna que otra vez, me tocó entregar el maldito sobre ese.

en el siguiente encuentro con houda intercambiamos esta vez unas cuantas frases en holandés. ella lo hablaba muy bien y yo andaba pateando jotas y ges al buen estilo gutural. me tocaba turno en el kinder crêche con cuanta criatura había por ahí y ella hacía de mi mano derecha con los nenes o nenas que no me daban ni la más regalada pelota.

los encuentros con houda fueron haciéndose costumbre y cada vez las charlas eran más y más fluidas (su pasciencia con mi atragantado holandés era merecedor de aplauso). así fue que, un día sin lluvia afuera, estábamos en el jardín y me contó lo que le había pasado. a sus 6 años, una bomba explotó muy cerca de ella. perdió el ojo derecho y en su lugar le dejaron uno de vidrio.

-igual veo todo- me dijo -veo con un sólo ojo, pero veo todo. si muevo mi cabeza a los lados, puedo ver como todos. a veces me cansa ver todo, porque me duele el cuello tanto girar y girar. pero está bien. igual veo todo.
-me gusta cómo ves todo- respondí.

no sé dónde estará ahora houda. ¿en bélgica? ¿seguirá esperando en la puerta de la oficina a su mamá, con el sobre ya sin abrir? ¿con una sonrisa?
estoy segura, sonreiría.