viernes, 24 de noviembre de 2006

divagaciones felices

- tenía ganas de llorar, muy bien no sé de qué...
era alegría, si, eso era... tenía que ser.
- claro, con tanta vuelta que se le ha dado al asunto era de
esperarse que las lágrimas fueran de alegría.
- raro todo igual, porque hace rato que no llovía. no llueve.
ahora pareciera que quiere llover, el cielo gris, pero...
- eso no quita la alegría, no!
(petit larme)
- se está felíz cuando se está felíz o se está feroz cuando se está no más.
- y es que no me lo esperaba, no pensé que podría pasar.
- claro que no pensabas, no porque no piensas, sino porque no era de
esperarse. las cosas que son de esperarse se las espera y las que no, no!
- tiene lógica.
- lógico.
- y así de golpe la noticia? así sin anestecia?
- así sin más! pero mejor, siempre mejor veloz. qué loco!
- loco si, siempre.
(suspirito)
- y estás feliz? digo, es lo que querías.
- claro, lo que quería hace tanto tiempo. no sé... feliz estoy, pero es irreal!
digo, porque tanto deseas que algo pase y no pasa y no pasa... además, el
desear no necesariamente hace que pase. pero claro, ahora pasa y no era
probable que pase y bueno, qué crees? feliz feliz estoy. sorprendida también.
- que bueno.
- si, bueno.
(suspirote)
- vamos por un café?
- otro? nunca se acaban!
- que nunca se acaben.
- vamos, además el martes me voy.

martes, 14 de noviembre de 2006

diálogos


- Esa de negro que sonríe desde la pequeña ventana del tranvía se
asemeja a Mme. Lamort -dijo.
- No es posible, pues en París no hay tranvías. Además, esa de negro del
tranvía en nada se asemeja a Mme. Lamort. Todo lo contrario: es
Mme. Lamort quien se asemeja a esa de negro. Resumiendo: no sólo no
hay tranvías en París, sino que nunca en mi vida he visto a Mme. Lamort,
ni siquiera en retrato.
- Usted coincide conmigo -dijo- porque tampoco yo conozco a Mme. Lamort.
- ¿Quién es usted? Deberíamos presentarnos.
- Mme. Lamort -dijo- ¿Y usted?
- Mme. Lamort.
- Su nombre no deja de recordarme algo -dijo.
- Trate de recordar antes de que llegue el tranvía.
- Pero si acaba de decir que no hay tranvías en París -dijo.
- No los había cuando lo dije pero nunca se sabe qué va a pasar.
- Entonces esperémoslo puesto que lo estamos esperando -dijo.

alejandra pizarnik, prosa completa.

viernes, 3 de noviembre de 2006

vale todo menos iqui

(fuckin´ fantasmas)

cómo utilizábamos iqui para la coscoja, también llamada tuncuna,
cuando la prenda (especie de pulsera hecha con cáscaras secas de naranja o mandarina,
atravesadas por un hilo) se salía del cuadradito, cuando tu pié
(generlamente sin zapato para que no sobrepase los límites temblorosamente dibujados
con tiza) pisaba la raya, cuando nos daba la gana: iqui iqui iqui... y perdías tu turno.
en liga-liga, en pata-pata... iqui!

siempre con el grito de guerra antes de empezar: "¡vale todo menos iqui!"


así vuelven algunos fantasmas, haciendo iqui.
vuelven un poco encantando y otro cantando; reales y un poco lejanos.
embrujados de recuerdos y juegos de infancia... iqui iqui iqui.

y son otros los juegos que se juegan, con o sin iqui.
son otros los jugadores y otras las reglas.

las rayas se las pisa y se las pasa no más... las prendas se quitan y
luego se botan.
pueden ser cuadrados, rectangulares, redondos y hasta improvisados los campos de juego.
y si haces iqui, pierdes tu turno.

(fuckin´ fantasmas, se llevaron mi prenda).

y ahora, mientras vienen tan reales y ficticios ellos de aire galán imperturbable,
mientras cantan encantadores cantos encantados, irreales embrujados...
grito fuerte desde adentro y con el pecho...

¡vale todo menos iqui!